En una sala de la escuela Francisco Varela, una imagen de John Coltrane da la bienvenida. Al fondo de un espacio con forma de hexágono y justo en el centro, está la imagen del famoso jazzista estadounidense; una en blanco y negro en la que aparece con la frente y ojos apretados, mientras toca el saxofón. Quizá una premisa de que en esa sala se viven constantes procesos de creatividad, como los que vivió Coltrane para estar a la vanguardia y pasearse entre tantos estilos de jazz… y tal como en el jazz, procesos llenos de improvisación, experimentación y libertad creativa.

En ese espacio, el encargado de que los estudiantes den rienda suelta a sus ideas, en torno a la música, es Juan Carlos Pineda, más conocido como Tito Pineda, un músico venezolano de 36 años de amplia trayectoria, nieto de Laudelino Mejías —nombre importante en la historia musical venezolana— y que en Venezuela es conocido por ser el bajista de artistas y agrupaciones tanto de jazz como de música popular, como Carota, Ñema y Taja (en el video). Un músico que ya suma tres años en Santiago de Chile, tras una larga trayectoria musical que inició a los seis años edad y que lo tienen ahora participando en varios proyectos musicales chilenos, mientras se mantiene como Miembro de la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación (Grammy Latino) y en constante creación con estudiantes de quinto básico hasta tercero medio.

“No me gusta hablar de los títulos que tengo, creo que no es tan importante como tratar de dar lo mejor de uno y eso es lo que intento hacer en la sala de clases. Me encanta dar clases, me encanta enseñar… creo que en la vida no hay que buscar la excelencia, pero sí ser excelentes todos los días”, dice este profesor oriundo de Trujillo y criado en Barquisimeto, ciudad ubicada al occidente de Venezuela y que él la describe como la “ciudad musical”.

Multiculturalidad musical

En esa búsqueda de dar lo mejor, son varios los cambios que ha planteado Tito con su llegada a la escuela en marzo de 2018. Este músico también es psicólogo y ya suma 10 años de experiencia como docente en colegios venezolanos. Lo primero que propuso es que las clases de música no se dieran en un aula tradicional. Por eso, todo pasa en este espacio circular que él mismo acomodó con la idea de que todos los estudiantes tuvieran posibilidad de moverse y verse las caras mientras estaban ahí, experimentando con las notas, con los instrumentos. “La música es dinámica, por eso la sala también tenía que serlo”, explica Tito. Bajo esa premisa, son pocas las clases en que los alumnos se sientan y miran la pequeña pizarra que está al fondo, con anotaciones de notas musicales, justo debajo de la imagen de John Coltrane.

Tito Pineda junto a sus estudiantes de segundo medio. Foto: Simón Díaz.

Lo primero que hizo con sus estudiantes, fue hacerlos elegir una canción y con esa base, desestructurarla, trabajarla, entenderla. “Es importante trabajar desde el interés de ellos y a partir de eso, aprender. Yo hago todos los arreglos y a partir de ahí aprenden los elementos de la música, la partitura, dicción de voz, todo. Yo les pregunté sobre sus intereses y en este colegio, particularmente, tienen muy buena base cultural, entonces no fue difícil filtrar canciones con letras inadecuadas”, comenta Tito.

Por eso, es regular que desde hace unas semanas, los jueves en la mañana lleguen algunos estudiantes de segundo medio y empiecen a tocar “Limón y sal”, de Julieta Venegas, pero con un ritmo más cargado de soul latino. Mientras que otros días, llegan los de sexto básico a ensayar su versión de “Tren al sur” de Los Prisioneros, a la que sumaron más instrumentos, como armónicas y variada percusión, como una caja flamenca.

Las conversaciones, las preguntas sobre cómo hacerlo mejor y si la nota era la correcta, es lo común después de de la práctica. Que se queden, intercambiando ideas, videos y otras canciones que se pueden ensayar, también es parte de la clase. “Algunas veces es difícil que se vayan de la sala”, dice entre risas el profesor. “Para mi es inspirador verlos a ellos, ver sus ganas. Ver cómo algunos no sabían tocar nada y poco a poco han descubierto sus destrezas en la música”, agrega mientras toma un cuatro, un instrumento clave en el folclore venezolano y que está siempre presente en su sala de clase.

El uso del cuatro, entre canciones de Violeta Parra, Victor Jara, Los Prisioneros, Congreso y más, es parte de la multiculturalidad por la que apuesta Tito con sus clases. “No es que me he puesto a tocar joropo aquí, pero ha sido grandioso para mi ir haciendo ciertas fusiones, ir aprendiendo sobre la música chilena, su historia (…) Yo no sabía mucho de música chilena, pero después de un concierto que tuve la oportunidad de hacer junto a Los del Maipo (una de las agrupaciones chilenas en la que toca el bajo) con Congreso, pude conocer al vocalista y aprender mucho más. Sigo aprendiendo, con los grupos musicales en los que estoy; con mis alumnos aprendo más sobre el repertorio chileno, con ellos me sumerjo más en la historia política, social. Ha sido un aprendizaje interesantísimo”, cuenta. En ese proceso de intercambio cultural, con uno de los cursos preparó la canción “Te recuerdo Amanda” de Victor Jara con un intro muy distinto, muy venezolano. “Eso para ellos fue interesante e igual para mi”.

El recuerdo tangible  

Inspirado en el entusiasmo de sus estudiantes y aprovechando que él también tiene experiencia como productor musical, con todos sus estudiantes está preparando la grabación de un álbum. La intención es grabar al menos un tema por curso. “También es una idea que surge porque cada vez que hacíamos el arreglo para un tema, lo ensayabamos, salía bien y pasábamos a otro tema y daba como pena que lo que hicimos antes quedó atrás y no se registró. La intención es apoyar y motivar a los niños, que se escuchen. Porque me imagino que en 40 años, ellos podrán escuchar ese disco y se acordarán de lo que hicieron, lo que aprendieron. La idea, además, es con el ramo de artes se haga una carátula del disco y una ilustración de cada canción. También nos planteamos que se pueda subir al sitio web de la escuela y que sea un disco que quede para toda la comunidad educativa”, explica.

Alumnos de segundo medio durante el ensayo de “Limón y sal” de Julieta Venegas. Foto: Simón Díaz.

Bajo esa misma premisa de motivarlos, en septiembre cada curso presentará un tema en un evento que realiza el colegio para mostrar a todos los que integran la comunidad educativa, parte del trabajo que hacen los estudiantes. “Es importante que muestren lo que hacen, que se sientan orgullosos de su trabajo”, dice Tito.

Así, Tito, un venezolano que antes de regresar a las salas de clase y de retomar la música como centro de su vida, pasó por varios trabajos que nada tenían que ver con su profesión. “Había que hacerlo, para nadie es un secreto que Venezuela está pasando por un momento difícil. Soy papá, soy esposo y bueno, tuve que irme de mi país para resguardar el futuro y la seguridad de ellos y la mía”, explica.

Por eso, ahora, debajo de la imagen de John Coltrane y frente a una partitura con un tema de Los Prisioneros, sonríe mientras toca el cuatro antes de que llegue otro curso. “La música para mi es todo. La música es un lenguaje universal. Una persona que sabe leer partitura, debería ser calificada como bilingüe, porque de verdad es un lenguaje, es una pasión, es disciplina, es una filosofía de vida (…) Y la música es importante en la educación, la música puede abrir muchas puertas, puede drenar emociones, puede aumentar tus capacidades matemáticas, te puede disciplinar. Al menos así me pasó a mí, yo era un niño bastante desordenado y la música me ha dado todas las herramientas, se ha convertido en mi vida y me gusta mostrarle una parte de mi pasión a los estudiantes. Me gusta poder enseñar todo lo que uno sabe, hacerlo de forma humilde y ver cómo ellos van aprendiendo”.